ELEGANCIA PARA LOS UNIFORMES

El boca a boca hizo que esos mismos clientes terminaran recomendado a la empresa recién aparecida por su enorme facilidad para reaccionar ante eventualidades por lo que pronto se empezaron a producir encargos para que ampliasen el rango de productos ofrecidos. Si ya hacían la parte textil, no parecía que debiesen detenerse ante la posibilidad de dedicarse al mobiliario de las habitaciones, lo que supuso un nuevo salto para la empresa.

En todos los órdenes de la vida es complicado saber cuando parar. Pero en de los negocios es realmente meritorio detenerse, más si van bien las cosas. Y sin embargo, sabemos que ocurre con una determinada frecuencia. Parar para limitar los daños es complicado y, probablemente, la razón por las que muchas empresas terminan cerrando. Nuestra aversión a las pérdidas y la confianza (infundada) en que tendremos capacidad para revertir la situación es mala consejera pero lamentablemente son historias conocidas. Empero, lo que queremos poner de manifiesto en este reportaje es lo contrario, una empresa que tiene un crecimiento notable y que advierte un riesgo en el horizonte, tanto que ven que pueden morir de éxito. Quizás es lo mismo que hoy perciben otros muchos que saben que la actual bonanza turística es compleja de mantener y que habrán de prepararse para competir cuando haya que ir a buscar a los visitantes. Y lo hacen.

El grupo Ginestar nació vinculado al textil en Alcoy (Alicante) hace 115 años, así que va ya por la cuarta generación familiar. Básicamente se ha dedicado a lo mismo pero con los matices necesarios como para explicar su supervivencia, a fin de cuentas, dice el presidente del grupo, Francisco Javier Ginestar “llevo el textil en la sangre”. Hace ya más de dos décadas que arribaron en Canarias, buscando nuevos horizontes para un negocio que iba bien pero que presentaba nubarrones en el futuro, “nosotros trabajábamos para otros, fabricábamos para terceros con lo que no teníamos relación directa con el cliente final. Ha sido una obsesión mía atacar esa debilidad, quería prescindir de los intermediarios y poder vender al cliente final, que son los hoteles, los hospitales o entidades similares”. La razón para ese miedo hay que buscarla en que “si te enfadas o no ten entiendes con tus pocos clientes, no lo pierdes a él, se van los que tengas, tu dependencia es enorme”. Con más intuición que certeza viene a las Islas con un catálogo de productos que entonces se limitaba a la lencería de un hotel: cortinas, colchas, sábanas y todos los elementos característicos de los establecimientos turísticos. Estuvo una semana y volvió con varios pedidos, dos notables, que terminó por confirmar su teoría. Aquel encuentro con uno de los clásicos de la hostelería y que ya está retirado, Agustín Ávila, le abrió muchas puertas, el Hotel Bitácora era de los más destacados y que formase parte de sus clientes era una buena carta de presentación.

Cierta prudencia y un crecimiento de acuerdo con las exigencias de sus clientes jugaban a su favor. Cuando los bancos cierras el “grifo”, ellos, que tenían fortaleza financiera y buenos acuerdos con sus proveedores, observan una oportunidad de negocio que entraña algunos riesgos, pero que eran asumibles. Es cuando incorporan el “renting” de decoración interior hotelera, mediante el cual a los cinco años se comprometían a renovarlo completamente. Fue toda una revolución y el crecimiento explosivo, llegando a tener más de 250 empleados.

Ese boom propició problemas que no habían previsto, relacionados con la gestión del personal y la responsabilidad de asumir sus comportamientos en aquellos establecimientos con lo que se relacionaban. Ya no estaban en una sola isla, eran muchos los clientes simultáneos y el negocio se había multiplicado. ¿Qué hacer? Se vuelve a decidir parar, centrarse en lo que saben hacer y abandonar una experiencia exitosa por más que hubiese dejado regusto amargo. Tan solo las enseñanzas ya eran valiosas y la terminación con la que se afrontó el cambio también es resaltable.

Concentrados de nuevo en lo que mejor saben hacer, el textil, el Grupo Ginestar retoma lo que sirvió para su inicial expansión y ahora andan enfrascados en darle nuevas vueltas a su forma de trabajar. Si se piensa que el sector de las uniformidades en los establecimientos turísticos o de otros servicios es uno maduro en el que no cabe innovar (tal es la opinión de muchos profesores y conferenciantes, que existen sectores maduros que deben resignarse a una competencia creciente y nos beneficios menguantes), Francisco Javier Ginestar discrepa: “Nosotros, en nuestra línea de uniformidad, diseñamos, fabricamos y distribuimos un amplio catálogo propio que sigue tendencias de moda y diseño. La gente está acostumbrada a lo de siempre y, aunque no diré cual, el primer hotel en que me quedé cuando llegué a Tenerife sigue teniendo el mismo uniforme 22 años después.

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